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domingo, 15 de febrero de 2015

El Hijo del Herrero

Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial e iba a conocer al director para la entrevista final.

 El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó: 

" -¿Recibió alguna beca en la escuela?"
 el joven respondió "no". 
-"¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? " 
-" Si."-respondió. 
-"¿Dónde trabaja tu padre? "
 -"Mi padre hace trabajos de herreria." 

El director pidió al joven que le mostrara sus manos .
 El joven mostró un par de manos suaves y perfectas. 

-"¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? "
 -"Nunca, mis padres siempre quisieron que estudiara y leyera más libros. Además, él puede hacer esas tareas mejor que yo. 

El director dijo: -"Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana por la mañana."

 El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta. Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos. Su padre se sintió extraño, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo.

 El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó. 

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro. Después de limpiar las manos de su padre, el joven se puso en silencio a ordenar y limpiar el taller. Esa noche, padre e hijo hablaron durante un largo tiempo. 

 A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director. El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó:
 -"¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?"
 El joven respondió: -"lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller" -"Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia. 
 El director dijo: "Esto es lo que yo busco en mi gente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida". "Estás contratado".

domingo, 4 de mayo de 2014

Una pequeño relato de Facundo Cabral

Hola a todos!

 Tiene mucho tiempo que no escribo pero ya saben como es esto ;D
 El dìa de hoy aprovecho para escribirles cobre un personaje al que admiro mucho.
Tristemente para muchos de nosotros, se ha ido ya a donde los pastos son eternamente verdes y los aires eternamente limpios.

Facundo Cabral fue un interprete y compositor Argentino, tiene muy buenas canciones, mi favorita es la de "No soy de aquí ni soy de allá".El día de hoy quiero contarles una historia de su infancia. Un día antes de su nacimiento, su padre se fue del hogar. Su madre y sus otros siete hermanos vivían en casa del abuelo paterno de Facundo Cabral, quien expulsó al resto de la familia. Así Facundo tuvo que nacer literalmente en la calle.

 A la edad de 9 años, escapó de su hogar y estuvo desaparecido cuatro meses. Su propósito era llegar hasta Buenos Aires para conocer al entonces presidente argentino Juan Domingo Perón, ya que tenía la referencia de que el mandatario "le daba trabajo a los pobres". Después de una larga travesía, transportado por diferentes personas, al llegar a la ciudad capital, un vendedor de la "Feria Franca" le dio la dirección de la Casa Rosada donde se ubicaba el presidente; más aquel señor le dijo enseguida: "Es muy difícil que te atienda, porque los presidentes suelen ser gente ocupada; pero yo leí en el diario que mañana 19 de noviembre va a ir a La Plata porque es el aniversario de la ciudad. Ándate ahí". Así que se fue a La Plata, durmió al costado de la catedral, y al día siguiente Facundo Cabral, siendo apenas un niño, logró burlar el cerco policial alrededor del mandatario y su esposa, Eva Duarte. Cuando un policía lo agarró para retirarlo, el presidente, que estaba saludando hacia ese lado le dijo al policía: -"Déjelo venir"-, e hizo parar su auto descapotable que tenía un estribo al que Facundo se subió de inmediato y conversó con ambos.
 -¿Quería decirme algo?-, le habría preguntado el presidente.
 -Sí, ¿Hay trabajo?-, respondió Facundo.

En un reportaje en los años 90, confesó que Eva Perón, en ese momento diría la primera "frase ética", que él escucharía en su vida, y que lo acompañaría por siempre:

 "Por fin, alguien que pide trabajo y no limosna"

 Gracias a esta conversación, logró que su madre obtuviera empleo y el resto de la familia se trasladara a la ciudad de Tandil.

Aquí pueden leer una moraleja que solía contar cuando cantaba con Alberto Cortez:

 las sandalias de Dios

 Saludos!

viernes, 17 de agosto de 2012

El leñador tenaz

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una empresa maderera. 
El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

 El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.
 El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. 

 - Te felicito – le dijo el capataz. – Sigue así . 

 Animado por las palabras del capataz, el leñador decidió mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó muy temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

 A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles. -Debo estar cansado- pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol. Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. 

Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. 


Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

 El capataz le preguntó: “¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?”.

 - ¿Afilar…?. No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.

No se trata sólo de trabajar duro, también hay que hacerlo de forma inteligente
Las buenas intenciones por sí solas no bastan